Un análisis de agua fuera de norma genera dos reacciones, y las dos son malas. Una es minimizar —«dio apenas por encima»— y la otra es comprar el primer equipo que aparece. Entre las dos hay un paso que casi nadie da: entender qué está diciendo el informe.
Vale la pena empezar por algo que ordena todo lo demás. En agua potable la referencia es el artículo 982 del Código Alimentario Argentino, cuyo texto vigente es el que le dio la Resolución Conjunta 33/2023. No es la misma norma que rige un efluente ni tiene los mismos parámetros: son dos mundos distintos y conviene no mezclarlos.
Lo primero: no todos los desvíos son iguales
Dos informes que dicen «no cumple» pueden estar describiendo problemas de naturaleza completamente distinta.
| Tipo de desvío | Qué suele significar | Qué escala tiene |
|---|---|---|
| Microbiológico | Contaminación puntual: un pozo mal sellado, una cisterna sucia, un retrolavado mal hecho, una obra reciente. | A menudo se resuelve con limpieza, desinfección y corrección del defecto. Es el más frecuente y el más barato. |
| Químico de origen natural | Arsénico, flúor, dureza, salinidad: viene del acuífero. No se contaminó nada, el agua es así. | No se va a ir solo. Es un proyecto de tratamiento, y el año que viene va a dar lo mismo. |
| Químico de origen antrópico | Nitratos altos son la señal típica: pozo ciego cercano, actividad agrícola, ganadería. | Puede requerir tratamiento, pero antes conviene revisar el entorno del pozo: a veces se corrige el origen. |
| Estético | Hierro y manganeso: manchan la ropa, dan sabor y color, y también tienen límite en la norma. | Se remueven con oxidación y filtración. Suelen ser los más simples de resolver. |
Antes de cualquier otra cosa: ¿el parámetro que falló viene del acuífero o de algo que pasó? Si viene del acuífero, la respuesta es un tratamiento. Si pasó algo, la respuesta puede ser arreglar lo que pasó, y sale una fracción.
Cómo se lee el informe
Un análisis útil tiene cuatro cosas, y conviene revisar que estén antes de tomar decisiones sobre él.
- El laboratorio y su habilitación. Un análisis que va a sostener una decisión de inversión, o que se va a presentar ante un organismo, tiene que venir de un laboratorio habilitado.
- El punto y la forma de toma. No es lo mismo una muestra tomada en la boca del pozo que en una canilla al final de la red: si la diferencia entre las dos es grande, el problema no está en el agua sino en la instalación.
- La lista completa de parámetros. Un informe de tres líneas no permite diseñar nada. Hay parámetros que no están fuera de norma y que igual condicionan el tratamiento: el pH gobierna casi todos los procesos, y los sulfatos compiten en el intercambio iónico.
- El límite de detección. Un resultado informado como «menor a» un valor que está por encima del límite de la norma no dice que el agua cumpla: dice que ese método no alcanza para saberlo.
Cuándo conviene repetir el análisis
Repetir no es negar el resultado: es asegurarse de que la inversión se decide sobre un dato firme. Conviene repetir cuando el desvío es microbiológico —que es el que más se contamina durante la toma—, cuando el valor está muy cerca del límite, cuando no coincide con el antecedente histórico del pozo, o cuando la toma no fue hecha por el laboratorio.
Y conviene no repetir esperando otro resultado cuando el desvío es de un parámetro de origen natural y el valor es claro. El arsénico de un acuífero no cambia entre una muestra y la siguiente. Repetir ahí es perder dos semanas.
Qué parámetro manda el diseño
Cuando hay más de un parámetro fuera de norma, no todos pesan igual. El diseño lo define el que necesita el tratamiento más específico, no el que está más lejos del límite en términos relativos.
Un agua con hierro alto y arsénico apenas por encima del límite se diseña por el arsénico: el hierro se resuelve con oxidación y filtración, que además ayuda al arsénico, pero el arsénico puede necesitar una etapa propia. Al revés no funciona.
Y hay un dato que casi nunca está y que cambia el proyecto. Cuando el problema es arsénico, el informe suele decir «arsénico total». Ese número dice si el agua cumple, pero no alcanza para diseñar: hace falta saber en qué proporción está como As(III) y cuál como As(V), porque de eso depende que haga falta una etapa de oxidación previa. Es el ensayo que más veces hay que pedir aparte.
Cuatro errores que salen caros
- Comprar el equipo antes de entender el análisis. Es el más común y el más caro. Un equipo bien elegido para el problema equivocado no sirve para nada y ya está pago.
- Clorar por defecto. La cloración es una barrera microbiológica. No remueve arsénico, ni nitratos, ni flúor, ni dureza. Es frecuente encontrar instalaciones que clorán un agua que nunca tuvo un problema bacteriológico y que sigue incumpliendo por química.
- Diseñar sobre un análisis viejo. El agua de un pozo cambia con la profundidad, con el caudal de explotación y con los años. Un análisis de hace cinco años es un antecedente, no un dato de diseño.
- No preguntarse por el residuo. Toda tecnología que saca algo del agua lo concentra en otro lado. Ese residuo tiene destino y costo, y si aparece después de comprar la planta, aparece condicionando dónde se la puede instalar.
Preguntas frecuentes
¿Qué norma dice si mi agua es potable?
El artículo 982 del Código Alimentario Argentino, en el texto que le dio la Resolución Conjunta 33/2023, publicada el 6 de diciembre de 2023. Es la norma nacional que define el agua potable de suministro público y de uso domiciliario y fija el límite de cada parámetro.
Dio apenas por encima del límite. ¿Es grave?
Depende de qué parámetro y de por qué está alto. Si es microbiológico, conviene repetir y revisar la instalación, porque suele ser una contaminación puntual. Si es un parámetro de origen natural como el arsénico o el flúor, estar apenas por encima no es una casualidad estadística: es lo que ese acuífero entrega, y va a seguir entregando.
¿Cuántos parámetros hay que pedir?
El fisicoquímico completo y el bacteriológico. Pedir tres parámetros sueltos sirve para saber si hay un problema, no para resolverlo: varios de los que van a definir el tratamiento son parámetros que quizá estén dentro de norma, como el pH, la alcalinidad o los sulfatos.
¿Sirve el análisis que me hizo el que perforó el pozo?
Como antecedente sí, y es mejor que nada. Para decidir una inversión conviene un análisis completo de laboratorio habilitado, con la toma documentada. La diferencia de costo entre uno y otro es despreciable frente a lo que se decide con el resultado.
¿Puedo tratar sólo el agua de consumo y dejar el resto?
En muchos casos sí, y suele ser la opción más razonable cuando el caudal total es grande y el de consumo humano es chico. Se trata un ramal y se deja el resto para usos que no requieren calidad potable. Lo que hay que cuidar es que las dos redes queden efectivamente separadas y señalizadas.
¿Cada cuánto hay que analizar?
La frecuencia depende del destino del agua y de quién la controla, y conviene definirla junto con el proyecto. Lo importante es que exista una rutina, porque un tratamiento que dejó de funcionar no da ninguna señal visible: el agua sigue saliendo clara y sin olor.
Los valores de esta nota corresponden al artículo 982 del Código Alimentario Argentino en el texto vigente al momento de publicarla, verificado contra el texto oficial de la Resolución Conjunta 33/2023. Ante un resultado fuera de norma, la decisión sanitaria corresponde a la autoridad competente y a un profesional que evalúe el caso concreto.