Un campamento de obra genera efluente cloacal como cualquier otro grupo de personas. Lo que cambia son las cuatro condiciones alrededor: no hay red donde volcar, la cantidad de gente varía mucho, no hay personal de planta, y todo termina. Cada una de esas condiciones invalida algo de lo que funcionaría en un establecimiento fijo.
Por qué es un problema distinto
| Condición | Qué implica |
|---|---|
| Sin red cloacal | El efluente tratado tiene que ir a algún lado: infiltración al terreno, un cuerpo receptor o retiro por camión. Cada opción tiene un requisito distinto de calidad y de trámite. |
| Caudal variable | La dotación puede multiplicarse por tres entre el inicio y el pico de obra. Una planta biológica dimensionada para el pico no funciona bien con un tercio de la carga. |
| Sin operador | No hay quien ajuste dosificaciones ni interprete un manto de barro. El esquema tiene que tolerar desatención, o hay que contratar la operación. |
| Temporal | La instalación tiene un final previsto. Eso cambia la ecuación entre comprar y alquilar, y obliga a pensar el cierre desde el principio. |
El caudal que varía
Es la particularidad más difícil de resolver y la que más plantas de campamento arruina. Una obra empieza con un plantel chico, crece hasta un pico y después baja. Una planta biológica necesita carga para mantener la biomasa viva: si el dimensionamiento se hizo para el pico, durante los meses de arranque el reactor trabaja con muy poca carga y el barro se deteriora.
Hay tres salidas y conviene elegirla en el proyecto y no improvisarla.
- Modularidad. Varias unidades chicas que se ponen en servicio a medida que crece la dotación, en lugar de una grande desde el día uno.
- Tecnologías tolerantes. Esquemas que aguantan mejor la carga variable y los períodos de baja, en lugar de los que exigen una operación fina.
- Ecualización generosa. Un tanque de regulación amplio amortigua la variación diaria, que en un campamento es muy marcada porque el consumo se concentra en pocas horas alrededor del cambio de turno.
En un campamento el caudal no se reparte parejo a lo largo del día como en un barrio: se concentra en franjas cortas, en general al inicio y al fin del turno. El tanque de ecualización se dimensiona sobre el patrón horario real y no sobre el caudal diario dividido por veinticuatro. Es el error de dimensionamiento más frecuente.
Los esquemas posibles
Las alternativas van de menor a mayor complejidad, y la elección la definen el tamaño del campamento, el tiempo de obra y qué se puede hacer con el efluente tratado.
- Retiro por camión sin tratamiento. Viable en campamentos chicos o de duración corta. No hay planta, hay logística: el costo es mensual y crece con la distancia al punto de descarga habilitado.
- Planta compacta modular. Es la solución típica. Unidad prefabricada que llega montada, con tratamiento biológico y desinfección, dimensionada por módulos.
- Planta compacta más infiltración. Cuando el terreno lo permite y la autoridad lo autoriza, el efluente tratado infiltra en lugar de retirarse. Depende del ensayo de infiltración y de la profundidad del agua subterránea.
- Planta con vuelco a cuerpo receptor. Es la que más exige en calidad de efluente y en trámite, y sólo tiene sentido cuando hay un curso disponible y la obra es larga.
El organismo cambia con la jurisdicción y el criterio técnico no. El dimensionamiento de una planta compacta no depende de la provincia: la carga por persona, el tiempo de retención y el esquema de tratamiento son los mismos. Lo que cambia es quién autoriza el vuelco y con qué parámetros. En la Provincia de Buenos Aires interviene la Autoridad del Agua; en otras provincias, el organismo de aguas que corresponda. Conviene resolver esa parte antes de comprar el equipo, porque el parámetro de salida exigido puede cambiar el esquema.
Operar sin operador
En un campamento no hay un operador de planta: hay un responsable de obra con veinte cosas encima. Una planta que necesita ajuste diario de dosificación y control de manto de barro no se va a operar, y no por mala voluntad.
De ahí salen tres criterios de proyecto que valen más que la elección de tecnología: que el esquema tolere desatención, que las rutinas sean pocas y simples —purga programada, control visual, reposición de desinfectante— y que haya alguien que pase. La operación tercerizada con visita periódica suele ser más barata que las consecuencias de una planta abandonada.
El final de obra
Es la parte que nunca está en el pliego y siempre aparece. Cuando la obra termina, hay que vaciar y limpiar la planta, retirar el barro acumulado con su destino documentado, desmontar el equipo y dejar el sitio en condiciones. Si hubo infiltración, además puede corresponder verificar el terreno.
Conviene que todo eso esté previsto desde el proyecto, porque define si el equipo se compra o se alquila, quién se lo lleva y quién se hace cargo del barro. Un campamento que desmontó todo y dejó la planta llena es un pasivo que aparece cuando ya no hay obra ni presupuesto.
Preguntas frecuentes
¿Hace falta planta o alcanza con retirar por camión?
Depende del tamaño y de la duración. En un campamento chico o de pocos meses el retiro periódico suele ser más razonable que montar y después desmontar una planta. A partir de cierto plantel y cierta duración, la logística de camiones se vuelve más cara que el tratamiento en sitio, y ahí el cálculo se invierte. Conviene hacer esa comparación con números antes de decidir.
¿Se puede infiltrar el efluente tratado al terreno?
A veces, y depende de dos cosas: que el terreno tenga capacidad de infiltración, lo que se determina con un ensayo, y que la autoridad de la jurisdicción lo autorice para ese caso. También pesa la profundidad del agua subterránea. No es una salida que se pueda dar por sentada al planificar la obra.
¿Qué pasa cuando la obra crece y la planta queda chica?
Es el escenario más común, y por eso conviene proyectar por módulos desde el principio. Una planta modular admite sumar unidades cuando crece la dotación; una planta única dimensionada para el promedio queda corta en el pico y sobredimensionada al arrancar, que es el peor de los dos mundos.
¿Quién opera la planta?
En la práctica, nadie de la obra. Por eso conviene elegir un esquema tolerante a la desatención y contratar la operación con visitas periódicas, aunque sea de baja frecuencia. Una planta compacta abandonada deja de cumplir en pocas semanas, y el problema se descubre cuando llega un control.
¿Hace falta permiso?
Si el efluente tratado se vuelca a un cuerpo receptor o se infiltra, sí, y el organismo depende de la jurisdicción de la obra. Si se retira por camión, lo que hace falta es que el transportista y el punto de descarga estén habilitados. En los dos casos conviene resolverlo antes de montar, porque el requisito de calidad de salida puede cambiar el esquema de tratamiento.
¿Conviene comprar o alquilar la planta?
Lo decide la duración de la obra y si hay una obra siguiente donde reutilizarla. Para un plazo corto, el alquiler evita el desmontaje, el almacenamiento y la depreciación de un equipo que va a quedar parado. Para una empresa con obras encadenadas, comprar y trasladar puede tener sentido, siempre que alguien se ocupe del mantenimiento entre obra y obra.
¿Qué se hace con el barro?
Se retira periódicamente con transportista habilitado y destino documentado, igual que en cualquier planta. Conviene tener previsto el circuito desde el arranque, incluida la purga final al desmontar, que es la que suele quedar sin resolver cuando la obra ya terminó.
Los reglamentos citados en esta nota fueron verificados contra la resolución que los puso en vigencia. Los valores de carga, viento y sismo dependen de la ubicación y salen de los mapas y tablas de cada reglamento: conviene verificarlos para el emplazamiento concreto antes de aplicarlos.