Técnico Actualizado septiembre 2026 8 min de lectura

¿POR QUÉ OSCILA UNA CHIMENEA
CON POCO VIENTO?

Porque el problema no es la fuerza del viento sino su velocidad exacta. Hay un valor —y suele ser bajo— en el que la chimenea y el aire se sincronizan.

El operario que la ve todos los días lo dice con naturalidad: «esa siempre se movió un poco». Y agrega, casi siempre, el dato que debería encender la alarma: que se mueve los días de viento flojo, no los de temporal.

Esa combinación —oscila con poco viento, no oscila con mucho— parece un contrasentido y es exactamente lo que predice la física. Entenderla cambia qué se mira cuando hay que decidir si una chimenea está bien o hay que hacer algo.

La escena que nadie reporta

Una chimenea que oscila rara vez genera un reporte. No cae nada, no se rompe nada visible, y el movimiento es lento y de poca amplitud. Cuando aparece un problema documentado, suele aparecer de golpe y en otro lugar: una fisura en la soldadura de una junta del fuste, o en la placa base, o un bulón de anclaje flojo o cortado.

Recién ahí alguien ata los dos hechos. Y para entonces el daño lleva años acumulándose.

Qué hace el aire detrás del fuste

Cuando el viento pasa alrededor de un cilindro, el flujo no se cierra prolijamente del otro lado: se desprenden torbellinos, alternadamente de un lado y del otro. Cada torbellino que se suelta empuja al cilindro hacia el lado contrario. Como se sueltan alternados, el empuje resultante es una fuerza que cambia de signo con un ritmo regular, y esa fuerza es perpendicular a la dirección del viento, no paralela.

De ahí lo primero que sorprende: la chimenea no se mueve a favor del viento sino de costado. Si alguien mira la oscilación esperando verla inclinarse en la dirección en que sopla, va a concluir que no pasa nada.

El ritmo con que se sueltan esos torbellinos no es caprichoso. Se describe con un número adimensional, el número de Strouhal, mediante la relación St = f · D / V, donde f es la frecuencia de desprendimiento, D el diámetro y V la velocidad del viento. Para un cilindro circular St vale entre 0,18 y 0,22 a lo largo de cuatro órdenes de magnitud de número de Reynolds, así que en la práctica se trabaja con 0,2.

Es decir: la frecuencia con que el viento «golpea» de costado sube con la velocidad del viento. A más viento, más rápido se sueltan los torbellinos.

La cuenta que conviene hacer

La chimenea, por su parte, tiene una frecuencia propia de vibración que no depende del viento: depende de su altura, su diámetro, su espesor y su masa. Y hay una velocidad de viento —una sola— en la que la frecuencia de desprendimiento coincide con la frecuencia propia de la chimenea. Ahí entra en resonancia, y peor: el movimiento de la propia chimenea empieza a ordenar el desprendimiento y a sostenerlo, un enganche que en la literatura se llama lock-in.

Despejando de la relación anterior, esa velocidad crítica es V = f · D / St. Y el número que sale suele ser bajo. Un ejemplo, con los tres datos a la vista para que se pueda rehacer con los propios:

DatoValor del ejemplo
Diámetro del fuste D1,20 m
Frecuencia propia f0,80 Hz
Strouhal St0,20
Velocidad crítica V = f·D/St4,8 m/s ≈ 17 km/h

Los valores son de ejemplo y no reemplazan un cálculo: la frecuencia propia hay que obtenerla de la chimenea real, no suponerla. Lo que el ejemplo muestra es el orden de magnitud, y es el punto de toda la nota.

Diecisiete kilómetros por hora es una brisa. Es un día común en casi cualquier punto del país, y está muy por debajo de la velocidad con la que se dimensiona la estructura frente al viento. La condición que hace vibrar a la chimenea no es la condición extrema: es una condición cotidiana, y por eso se repite decenas o cientos de días al año.

También explica lo otro: con viento fuerte, la frecuencia de desprendimiento se va muy por encima de la frecuencia propia, se pierde la sincronía y la oscilación transversal desaparece. El operario tenía razón.

El daño no es el golpe: son los ciclos

Una chimenea que oscila a 0,8 Hz hace casi 3.000 ciclos por hora. Diez horas de viento en el rango crítico son 30.000 ciclos. Repetido a lo largo de los años, el número al que llega la estructura es de otro orden.

Y la fatiga funciona así: no hace falta que cada ciclo sea severo. Alcanza con que haya muchos y con que haya un lugar donde la tensión se concentre — una soldadura de junta, el encuentro del fuste con la placa base, un refuerzo de abertura, el borde de una ménsula soldada para colgar algo.

Por qué esto no aparece en la verificación clásica. Comprobar que la chimenea resiste el viento de diseño es una verificación de resistencia, de un solo evento extremo. La oscilación por vórtices es un problema de fatiga y de servicio, con otra pregunta: no «¿aguanta?» sino «¿cuántos ciclos y con qué amplitud?». Una chimenea puede verificar sobradamente lo primero y estar fisurándose por lo segundo.

Qué se hace

Hay cuatro caminos y no son equivalentes. Cuál corresponde sale del cálculo, no del catálogo.

  • Deflectores helicoidales (helical strakes): las aletas en espiral que se ven en el tramo superior de muchas chimeneas. No decoran: rompen la regularidad del desprendimiento para que los torbellinos dejen de soltarse a un ritmo único. Las proporciones habituales son altura de aleta del orden del 10 % del diámetro y paso del orden de 5 diámetros, sobre el tramo superior del fuste.
  • Amortiguamiento. Agregar disipación —un amortiguador de masa sintonizada, por ejemplo— no evita el desprendimiento pero limita cuánto llega a moverse la chimenea. Es el camino típico cuando la geometría no se puede tocar.
  • Cambiar la frecuencia propia. Rigidizar, arriostrar o cambiar espesores corre la frecuencia propia y por lo tanto corre la velocidad crítica. Ojo con esto: correrla no siempre la mejora — puede llevarla a otro valor igual de frecuente en el lugar. Hay que verificar contra el régimen de vientos real, no mover y confiar.
  • Cambiar la geometría. Un fuste cónico desprende a frecuencias distintas a distintas alturas, lo que dificulta que toda la chimenea entre en sincronía a la vez. Es una decisión de proyecto, no un arreglo posterior.

Cuándo mirarla en serio

Cinco situaciones en las que conviene verificar antes de que aparezca la fisura:

  • La chimenea oscila de costado con viento moderado y alguien ya lo naturalizó.
  • Se le subió la altura para cumplir un trámite ambiental. Más altura es menos frecuencia propia, y menos frecuencia propia es menor velocidad crítica: el problema se agrava, no se diluye.
  • Se le colgó algo —una plataforma de muestreo, una escalera, una bandeja— que agregó masa y creó un punto de concentración de tensiones.
  • Aparecieron fisuras o bulones flojos sin ningún evento que las explique. La ausencia de un evento es, acá, el dato.
  • Está fuera de servicio hace tiempo. Sin flujo de gases caliente adentro, la chimenea es un cilindro liviano expuesto al viento — la misma lógica por la que un tanque vacío es más problemático que uno lleno.

La verificación no arranca por proponer una solución: arranca por medir. Geometría y espesores reales, estado de soldaduras y anclajes, frecuencia propia de la chimenea como está hoy, y el régimen de vientos del lugar. Con esos cuatro datos la velocidad crítica deja de ser una estimación y la decisión entre deflectores, amortiguamiento o refuerzo se toma con números.

Preguntas frecuentes

¿Cómo se calcula la velocidad crítica de una chimenea?

Con la relación de Strouhal despejada: V = f · D / St, donde f es la frecuencia propia de la chimenea, D el diámetro del fuste y St el número de Strouhal, que para un cilindro circular vale entre 0,18 y 0,22 —en la práctica se toma 0,2—. El dato que hay que obtener bien es la frecuencia propia: depende de la altura, el diámetro, los espesores y la masa reales, y no se supone.

¿Por qué oscila perpendicular al viento y no a favor?

Porque los torbellinos se desprenden alternadamente de un lado y del otro del fuste, y cada uno empuja hacia el lado contrario. La fuerza que resulta cambia de signo con un ritmo regular y es transversal a la dirección del viento. Por eso alguien que mira la chimenea esperando verla inclinarse hacia donde sopla concluye que no se mueve.

¿Sirven los deflectores helicoidales?

Sí, y por eso se ven en tantas chimeneas: las aletas en espiral rompen la regularidad del desprendimiento para que los torbellinos dejen de soltarse a un ritmo único. Las proporciones habituales son altura de aleta del orden del 10 % del diámetro y paso del orden de 5 diámetros, sobre el tramo superior. Lo que no conviene es colocarlos sin verificar: son una solución, no la solución de todos los casos.

Le subimos la altura por el trámite ambiental. ¿Eso mejora o empeora el problema?

En general lo empeora, y es contraintuitivo. Más altura significa menor frecuencia propia, y como la velocidad crítica es proporcional a esa frecuencia, la velocidad a la que la chimenea entra en resonancia baja. Baja hacia el rango de vientos más frecuentes, no hacia el de los raros. Es una de las razones por las que subir un tramo nunca es sólo agregar chapa.

¿Arriostrarla resuelve la oscilación?

Cambia el problema de lugar. Arriostrar sube la frecuencia propia y por lo tanto sube la velocidad crítica, pero el valor nuevo puede caer en otro rango de vientos igual de frecuente en ese predio. La verificación se hace contra el régimen de vientos real del lugar, y recién ahí se sabe si el cambio mejoró algo.

¿A una torre o a un silo le pasa lo mismo?

A cualquier estructura cilíndrica esbelta y liviana expuesta al viento, sí. Una torre de proceso vacía, un silo metálico sin producto adentro o un conducto elevado tienen la misma física. Lo que cambia entre un caso y otro son la frecuencia propia, el amortiguamiento disponible y cuánta masa hay para oponerse.

¿Se puede saber desde el suelo si el movimiento es peligroso?

A ojo, no: la amplitud que importa para la fatiga es chica y el movimiento es lento. Lo que sí se puede hacer es medirlo, y no es caro: se instrumenta la chimenea, se registra la respuesta frente al viento de varios días y se obtiene la frecuencia propia real en lugar de estimarla. Esa medición es lo que vuelve discutible o indiscutible todo lo demás.

Verificado en septiembre de 2026 contra la formulación de Strouhal y las prácticas de los códigos de chimeneas. El ejemplo numérico es ilustrativo: la frecuencia propia de una chimenea real se obtiene midiendo o modelando, nunca suponiendo.

Escrito por
HIDECA Ingeniería
Equipo de Cálculo Estructural